lunes, 25 de diciembre de 2006

EMBAJADORES DE LA PAZ

LA MISION Y RESPONSABILIDAD DE LOS EMBAJADORES DE LA PAZ

“La esperanza de todas las eras es la de un mundo unificado de paz”- Sun Myung Moon

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Hay millones de personas en todo el mundo, de distintas razas, creencias religiosas, nacionalidades y culturas, que mantienen vivo en su mente y en su conciencia el deseo de realizar un mundo de paz, unidad y libertad.

Todos ellos son potenciales embajadores de la paz, personas que pueden promover a partir de su ejemplo, palabra y obra, los valores y metas que pueden traer reconciliación y paz en el mundo hoy.

¿Cuál es la misión y responsabilidad de un Embajador para la Paz?

En primer lugar, creer, practicar y expandir los principios y valores espirituales y morales universales, y en particular el principio básico de “Vivir por el Bien de los Demás”.

En segundo lugar, construir una vida familiar ejemplar y defender el ideal de Familias Verdaderas, que basándose en un amor genuino, el respeto mutuo y el servicio de unos a otros, se conviertan en Escuelas del Amor y los Valores. Una fuerza fundamental y efectiva de paz y armonía en el mundo globalizado.

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LA FAMILIA ES LA INSTITUCION PRIMERA - De entre todas las instituciones que existen, la familia es la primera, la más básica e importante. El propósito de nuestra existencia es la realización de este ideal de amor verdadero y felicidad en la familia, el cual se extenderá naturalmente a la sociedad. Buenas familias son elemento imprescindible para realizar una sociedad sana, próspera y feliz en cualquier parte.

La familia es la unidad fundamental y el elemento indispensable en la construcción de cualquier sociedad. Si no podemos lograr paz, amor y felicidad en nuestros hogares, no existirá esperanza de crear paz, amor y felicidad en la sociedad, la nación o el mundo.

LA EDUCACIÓN SEXUAL COMO EDUCACION PARA EL AMOR Y LA FAMILIA

En este momento en Uruguay se habla de la necesidad de impartir clases de educación sexual a nuestros jóvenes. Sin duda que las necesitamos, pues el panorama que ofrece la sociedad actual respecto a los problemas vinculados a la sexualidad es preocupante: embarazos de adolescentes, madres solteras, abortos, mujeres y niños abandonados, parejas sin compromiso de permanencia, fracasos conyugales, prostitución en ambos sexos, violaciones, pornografía, y un incremento progresivo de las enfermedades de transmisión sexual, incluyendo el SIDA.

Ante esta situación preocupante se necesita una educación que enfatice los valores éticos y morales, pues educar es instruir, formar, guiar, sacar lo mejor que hay dentro de una persona; irla puliendo y limando para hacerla más dueña de sí misma. Desafortunadamente muchos de los programas sobre educación sexual no cumplen ese criterio, pues sólo cubren la parcela informativa, pretendiendo ser “neutros” en el aspecto formativo de los valores. Pero en el fondo no hay tal cosa como educación sexual neutra. Habrá unas educaciones más cargadas de orientaciones que otras, unas en la línea de la liberación sexual o apuntando hacia el marxismo, hacia las corrientes del psicoanálisis de Freud o siguiendo las directrices de Jung o de Adler o del conductismo o inspiradas en el humanismo cristiano... pero vacías de algún criterio no es posible. Muchos programas actuales son deficientes en presentar a la sexualidad ligada al amor conyugal y presentan una mera información genital, enfocada solamente en los aspectos biológicos, médicos e higiénicos del sexo, con toda gama de detalles sobre los métodos posibles para evitar el embarazo y las enfermedades de transmisión sexual.

Un enfoque supuestamente “neutro” o "hedonista" de la sexualidad es interpretado a menudo por los adolescentes como una abierta invitación a la experiencia sexual prematura, cuando esas enseñanzas no reconocen que la sexualidad humana está ligada al amor conyugal de la pareja que se caracteriza por ser único y exclusivo. Se es estricto en pedir a los jóvenes una edad para votar y una madurez y entrenamiento para recibir la libreta de conducir, pero no en cambio para algo mucho más serio y trascendente como es el uso responsable de la sexualidad. No es ninguna sorpresa, por tanto, que estadísticas y estudios sobre el tema muestran como el resultado de ese tipo de educación conduce a un incremento del mismísimo problema que se trata de solucionar.

Por eso necesitamos programas educativos para la formación moral del carácter y el control de uno mismo. Dominar y ser señor de la propia sexualidad, gobernándola con amor, para entregarla a otra persona, a través de una donación comprometida. El amor y la sexualidad forman un conjunto recíproco: no se puede dar el uno sin el otro en la relación hombre-mujer. Esto cumpliría además con el primer punto de la prevención primaria que promueve la Organización Mundial de la Salud: Un comportamiento sexual más seguro. En otras palabras fomentar la PUREZA y la FIDELIDAD.

Es importante que no nos confundamos, pues el problema primario no son las enfermedades de transmisión sexual, ni los embarazos de niñas adolescentes; eso son sólo las consecuencias o los lamentables síntomas del problema. El problema siempre ha sido la actividad sexual precoz y promiscua fuera del ámbito conyugal. Esa es la raíz del problema, y ahí es donde debemos empezar a solucionarlo. Todo lo demás es como poner parches o seguir vertiendo liquido en una taza agujereada.

Por eso se necesita una educación de valores que promueva el amor verdadero y una sexualidad sana como el estándar y la norma social esperada. Cultivar el corazón y el carácter debe ser el interés primordial de un buen programa de educación

Maestros, padres, consejeros, médicos, educadores y todos los interesados en promover el bienestar de la juventud y de las familias, no pueden ignorar la necesidad de enseñar a los jóvenes el valor de la pureza en la formación de su carácter y su importancia como preparación para lograr un amor autentico y una pareja estable, como fundamento para el matrimonio y la familia. Es además un mandato constitucional velar, formar y procurar el perfeccionamiento moral: "La familia es la base de la sociedad y el Estado velará por su estabilidad moral..." y “en todas las instituciones docentes se atenderá especialmente la formación moral y cívica de los alumnos” y “el Estado legislará... procurando el perfeccionamiento físico, moral y social de todos los habitantes del país” nos recuerdan los artículos 40, 71 y 44 de nuestra Constitución. Sabemos que toda familia comienza con el amor sincero y fiel de una pareja. Primero surge el amor, después el compromiso que nos lleva a formar una pareja estable y luego vienen los hijos. La sexualidad es maravillosa, bella y sublime, una inagotable fuente de placer y éxtasis a la que cada hombre y mujer tiene derecho, siempre que se utilice de acuerdo a los valores propios de QUIEN originalmente la diseñó. Como los seres humanos no podemos vivir sin experimentar el amor, si no somos capaces de vivir por las normas del amor verdadero, es evidente que la alternativa será un amor irresponsable, promiscuo, y eso no nos va a conducir a un buen final. Como ya expresamos, la corrupción sexual ha causado la caída y decadencia de muchos grandes hombres y naciones a lo largo de la historia humana, y definitivamente no queremos esto para el futuro de nuestro Uruguay.

Para establecer familias verdaderas y la paz en el mundo, es necesario el compromiso de amor eterno y de fidelidad sexual absoluta en nuestros matrimonios.

"Sólo puede existir una familia pacífica de naciones cuando tengamos naciones con familias pacíficas.“

Si afirmamos que la familia es la base de la sociedad, es muy claro concluir que el éxito del matrimonio implica el éxito de la familia y que familias exitosas construirán éxito en la sociedad. Esto es lo que todos anhelamos, una sociedad próspera, justa y confiable que provea sustento para vivir felices. El cemento fundamental del matrimonio y la familia es la fidelidad sexual.

EL AMOR CONYUGAL ES UNICO Y EXCLUSIVO

Por lo tanto, en la búsqueda de una familia estable y feliz necesitamos establecer un principio imprescindible: Las relaciones sexuales, como la expresión de un amor verdadero y eterno, deben de realizarse única y exclusivamente dentro del matrimonio.

El órgano sexual del hombre es propiedad de su esposa y viceversa. Marido y esposa intercambian la propiedad de sus órganos y desde ese momento hay un único dueño para siempre; es como si voluntariamente se pusieran un cinturón de castidad y le entregaran la llave a su cónyuge. Esta es una verdad simple y ningún poder la podrá cambiar. El problema ha surgido con la idea de que nosotros tenemos la potestad sobre nuestro órgano sexual y que tenemos el derecho de usarlo de cualquier modo que el cuerpo desea.

Sólo el marido y la esposa tienen la llave de acceso para abrir esos lugares sagrados para el cumplimiento del amor celestial. Ese acto de amor está destinado a ser la posesión más sagrada del marido y su esposa, y nunca debe profanarse permitiendo que un extraño entre y lo adultere o corrompa. Esta es la única forma correcta de comprender la relación entre marido y esposa. Una vez que el hombre y la mujer encuentran su amor verdadero, es algo eterno y permanente y no puede existir un amor alternativo.

La satisfacción y realización definitivas para cualquier hombre o mujer se encuentran, sin lugar a dudas, en el verdadero amor. La relación sexual entre el marido y su esposa es el estado del amor verdadero. Esta unión está destinada a ser lo mas sublime y el valor supremo, lo más sagrado de todas las cosas santas. No existiría nada mejor. Sería la experiencia suprema y el éxtasis de la vida. El ancla que nos daría estabilidad permanente. Aunque podamos tener muchas distintas experiencias en el transcurso de la vida, siempre permaneceríamos conectados a esa ancla central.

Cuando el amor de marido y esposa se consuma en este nivel tan sagrado, el marido y la mujer pueden sentirse satisfechos y realizados para siempre. Así como nosotros no podemos cambiar a nuestros padres que nos dieron nacimiento, una vez que un hombre y una mujer se casan bajo el poder absoluto del amor verdadero, jamás pensarán en divorciarse, su amor llega a ser incambiable y eterno, así como eterna es la vida que ellos crean a través de sus hijos que son los frutos de su amor. Son el marido y mujer en esta tierra y también en el mundo espiritual por la eternidad. Este es el verdadero significado de la expresión "amor eterno".

Hombres y mujeres estamos destinados para que como marido y esposa podamos unirnos, lo que supone la bendición más increíble. A través de esa unión, sienten placer en el Palacio del Verdadero Amor (los órganos sexuales). Ese es el punto de comienzo de la felicidad verdadera. Ese no sólo es el momento cumbre de consumación para hombre y mujer, sino que es el punto culminante de consumación también para nuestro Creador. La imagen entera invisible de Dios se completa en ese instante. El mundo espiritual y el mundo físico, el Creador y lo creado, todo llega a ser uno en ese momento. Es ahí donde se manifiesta la alegría de la creación. Esa es la forma de vida que nuestro Creador concibió para cada hombre y mujer aquí en la tierra y cuando se termina esta clase de vida en la tierra, iremos al mundo espiritual eterno.

El hombre es un ser privilegiado, por ser capaz de realizar el acto del amor, una y otra vez, toda su vida y continuar después en el mundo espiritual. Las experiencias de amor con los demás son nuestro verdadero tesoro y forman nuestra personalidad, identidad y carácter. Esa es la única riqueza o posesión que podemos llevar con nosotros para siempre.

Dado que la vida misma surge del amor, tenemos que reconocer que la relación verdadera de amor entre un hombre y una mujer es una bendición y un don que Dios nos otorga, un don que debe ser apreciado y ensalzado como un valor supremo. La expresión de ese amor a través del acto conyugal debería tener una dimensión mística y sagrada, ya que es la unión íntima entre el marido y la esposa con Dios para disfrutar y expresar el amor eterno que El originalmente diseñó.

¿En qué lugar físico finalmente se conectan el hombre y la mujer para la consumación de su amor? Ese lugar son los órganos sexuales. ¿De dónde se originó la humanidad? No de los ojos, no de la nariz, no de la cabeza, pero si de los lugares más sagrados: Los órganos reproductores, los órganos del amor, los órganos sexuales. Esos órganos son los palacios del amor, los lugares más importantes y sagrados, pues a través de ellos se realiza el acto del amor, a través de ellos se crea la vida y se transmite el linaje. Nuestros ideales, nuestra existencia, la vida y la felicidad, todo esta conectado a ese lugar central donde se consuma el amor.

El amor, la vida y el linaje están relacionados con los órganos sexuales. El vínculo del amor, la vida y linaje es lo qué da a la historia su continuidad, enlazando el pasado, el presente y el futuro. Por esta razón, el acto del amor debería ser lo más precioso, hermoso y santo en la vida.

Nuestro destino natural y evidente será poder experimentar el "Verdadero Éxtasis del Amor Divino" que se caracteriza por una paz extrema, tranquilidad, serenidad y una alegría radiante. La pareja experimenta un estado dichoso, libre de tensiones, una trascendencia del ego y un sentimiento absoluto de unidad con la naturaleza, con el orden cósmico, y con Dios. Es característica de esta condición una comprensión intuitiva y profunda de la existencia, así como un diluvio de múltiples visiones específicas de relevancia cósmica. Sabemos que ese éxtasis se deriva del Amor, y que el Amor se expresa en la pareja como energía sexual transformada. Para comprender esta verdad fundamental del amor, debemos aceptar el aspecto divino y sagrado de la sexualidad primero, y debemos aprender a rendirle culto a través de los sentidos. La aceptación total y el dominio de todas las energías naturales lleva a la experiencia más sublime.

La pareja siente una ola de energía que los envuelve. A medida que esa intensa ola los baña de beatitud y gloria, sienten una fusión completa el uno con el otro, un estado de unidad total. No es sólo un momento de placer físico; es un intenso sentimiento de conexión profunda, amorosa con el otro, donde los contrarios dejan de existir, y las energías masculinas y femeninas que se originan en Dios fluyen juntas en armonía completa.

Debemos estar abiertos a la noción de que el cuerpo es algo más que el tacto y no se detiene en la piel. La respuesta sexual es un todo un proceso -- una unión de mente, cuerpo, y alma -- y la conexión que sentimos cuando dicho proceso se da por completo es una experiencia que expande la mente y el cuerpo en una explosión de creatividad y belleza que nos abre el corazón.

La primera noche cuando se comparte el primer amor, el momento cuando marido y esposa se funden juntos en total unidad a través de un amor completo físico y espiritual, cuando íntimamente se ensamblan en armonía total, ése es el lugar y el momento donde se cumple con el propósito entero de la creación. Ese es el punto de comienzo de la felicidad verdadera, lo que supone la bendición más increíble.

El AMOR es todo lo que existe, siempre existió, y siempre existirá...

El dueño original de nuestros órganos sexuales es Dios... (Dios es el numero uno de los sexólogos por ser el Creador y Diseñador de los órganos del amor para que podamos expresar ese amor intimo y conyugal en la bendición de un matrimonio celestial)

Apreciados líderes en todos los campos, ¿pueden ustedes dar conferencias sobre este importante tema a su gente? Desde ahora, por favor enseñen claramente a todos y en todo lugar esta preciosa y cósmica ley del verdadero amor. A causa de que este principio de la fidelidad es constantemente violado, nuestro mundo se mantiene repetidamente de CRISIS en CRISIS.

La promiscuidad sexual desintegra la familia, destruye a la comunidad y socava los fundamentos de la sociedad. Arnold Toynbee, uno de los más grandes historiadores modernos, nos recuerda que: "De entre las 21 civilizaciones más notables de la historia, 19 perecieron no por haber sido conquistadas, sino por la decadencia interior."

LECCIONES DE UN PASADO QUE NO DEBEMOS REPETIR

En un importante trabajo de antropología comparada, el Dr. Joseph Daniel Unwin, quien por siete años analiza meticulosamente 80 sociedades y 16 civilizaciones en un período de más de cuatro mil años de historia, concluye demostrando que una sociedad o bien escoge la promiscuidad sexual y decae, o bien disciplina sexual y prospera. Como antropólogo el Dr. Unwin en la década de 1930 desarrolla ese importante estudio en la Universidad de Cambridge en Inglaterra cuando las teorías del Dr. Sigmund Freud estaban en auge.

Freud sabiamente reconoció que detrás de los profundos problemas psicológicos de los seres humanos subyacía la sexualidad y el deseo sexual, y así lo expresaba en Tres Ensayos Sobre la Teoría de la Sexualidad: "Sólo puedo decir una y otra vez ‑porque nunca fui capaz de descubrirlo de otro modo‑ que la sexualidad es la clave para el problema de la psiconeurosis y de las neurosis en general". La conclusión de Freud era que si se reprimían los deseos sexuales, dicha represión produce lo que ahora conocemos como enfermedades psicosomáticas, y por eso no habría que suprimirlos, sino que libremente expresarlos o en todo caso sublimarlos. Pero para Freud no había un estándar ético sexual, y cada cultura establecía sus propios modelos, y precisamente el Dr. Unwin inició esta investigación y estudio de las civilizaciones de la historia como una antropología comparada tratando de comprobar las teorías de Freud.

Pero lo que el Dr. Unwin descubrió cambió su punto de vista 180 grados, él encontró que en todas y cada una de estas civilizaciones, tales como Roma, Grecia, Mesopotamia, Egipto, entre muchas otras, cuando las familias eran estables y mantenían una fidelidad matrimonial era el periodo cuando la civilización florecía y se elevaba con lo que él llamó "energía expansiva". Las personas al estar dedicadas a la familia, también se dedicaban a la comunidad y a la nación, y el patrimonio y la prosperidad crecía. El servicio a la comunidad y el matrimonio se fortalecía, y esos eran los tiempos del desarrollo y la más alta creatividad en el arte, la ciencia y la cultura; pero el Dr. Unwin también descubrió que cuando el amor sexual se salía fuera del contexto seguro del matrimonio, y se aceptaba como normal la sexualidad prematrimonial, extramatrimonial y entre personas del mismo sexo, en tales casos, él descubrió que esa civilización se desintegraba al cabo de tres generaciones. Lo más sorprendente y preocupante de todo es que él nunca encontró ni una sola excepción histórica a este fenómeno. (Dr. J. D. Unwin - Sex and Culture – 1934, Oxford University Press -)

Aldous Huxley describe la importancia de este estudio diciendo: “La evidencia para estas conclusiones es tan amplia, que es difícil ver como puede ser rechazada.”

LA FAMILIA Y EL AMOR

En la familia cada uno crece, aprende y experimenta los ilimitados reinos del amor: primero, el amor filial hacia nuestros padres, luego el amor entre hermanos y hermanas, después el amor conyugal con nuestra pareja, y finalmente el amor paternal hacia nuestros propios hijos e hijas. Cuando aprendemos y experimentamos estos cuatro reinos de amor en nuestro corazón, nos graduamos en esta escuela del amor. A través de este proceso nos preparamos para señorear todas las complejas relaciones de la sociedad en general. Debido a que somos diferentes de los animales, los seres humanos tenemos pocos instintos que nos guían. Aprendemos cómo amar y vivir, básicamente de nuestra familia y cultura. Por esta razón, es esencial establecer verdaderos patrones de comportamiento en nuestras familias para que luego modelen constructivamente la vida humana de las futuras generaciones.

Aquellas familias que por un período de tres generaciones mantengan con éxito la abstinencia y pureza sexual hasta la constitución de la pareja así como la fidelidad sexual absoluta en sus matrimonios, dichas familias serán reconocidas por éste logro tan valioso y recibirán el honor y la gloria de ser una VERDADERA FAMILIA DE PUREZA Y FIDELIDAD que será motivo de un gran prestigio, dignidad y honra, no sólo para esas familias sino también para su comunidad y su país. Los nombres de esas familias serán reconocidos y apreciados por todos...


Como dice “La Gran Enseñanza” confucionista, el camino a la felicidad es “honradez en el corazón, belleza en el carácter, armonía en el hogar, orden en la nación, paz en el mundo”.
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En tercer lugar, los Embajadores de la Paz, como verdaderos ciudadanos del mundo, deben ir más allá del amor a la patria, sobrepasando las barreras que dividen los pueblos actuando con respeto, empatía y solidaridad con las personas de otras naciones, sexos, razas y religiones. Debe ser así un centro de armonía espiritual y física en el mundo.

En cuarto lugar, debe al creer en la existencia de un solo Dios, creador de todos los seres humanos, entender la necesidad del diálogo, la armonía, y la cooperación entre las religiones, los líderes religiosos, y los creyentes en general. Los embajadores de la paz deben crear una conciencia universal sobre esta necesidad y enfatizar los valores espirituales y éticos universales que le son comunes a las distintas creencias religiosas y filosofías espiritualistas.

Debe en quinto lugar, promover la armonía internacional, entre naciones y culturas. Fomentar el diálogo, la comprensión, el conocimiento interpersonal, el intercambio, para crear puentes de entendimiento entre las distintas partes de la familia humana.

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LAS DIFICULTADES EN EL DIALOGO Y LA COOPERACION INTERELIGIOSA

Cuando profundizamos en el estudio de las distintas religiones y comparamos sus enseñanzas y prácticas, reconocemos que en lo fundamental la mayoría comparten unos valores espirituales comunes, así como también ciertas creencias básicas; tales como reconocer la existencia de Dios, el Creador de todo lo que existe, aunque lo definan con diferentes términos y le den distintos atributos; la creencia en una vida después de la muerte de nuestro cuerpo físico; y que debemos vivir de una forma altruista por el bien común y la felicidad de los demás. Entonces, ¿por qué existen tantas dificultades en el diálogo, el entendimiento y la cooperación entre personas que pertenecen a distintas tradiciones espirituales y religiosas?

Me gustaría ilustrar en la forma más gráfica posible con una analogía algunas de esas dificultades, y ofrecer algunas sugerencias que contribuyan a un mejor entendimiento y cooperación mutua. Usaremos el ejemplo de una montaña:

Tenemos una enorme montaña en la que multitudes de personas están subiendo por distintas rutas en cada una de sus múltiples laderas. Algunos están bastante arriba en su ascenso, mientras que otros apenas comenzaron.

Imagínense por un momento lo qué ocurriría si alguien de los que está bastante abajo en su ascenso en una de sus laderas pudiese comunicarse libremente con alguien de los que suben por la ladera opuesta. Esta persona relataría sus experiencias de cómo encontró la montaña, su apariencia, que características presenta, el camino de ascenso con todas las dificultades que encontró y superó, así como el paisaje que va divisando a medida que sube a los distintos niveles. El que le escucha pertenece al grupo de los que suben por el lado opuesto de esta montaña, y recibe esta detallada descripción, pero se queda muy desconcertado. Lo primero que piensa es que esa persona esta subiendo otra montaña diferente a la suya, pues su relato sobre la apariencia, las características de la montaña y el camino recorrido, son totalmente distintos al los que él experimentó, así como el paisaje que él divisa es también muy diferente al descrito.

Cada uno está totalmente convencido de las experiencias propias. Cada uno tiene seguridad de dar una versión acertada, precisa y verdadera en todo lo que expresa. De esta forma, el desacuerdo acerca de que están en el camino correcto para llegar a la cima se hace más intenso, no hay posibilidad de llegar a un consenso, ni aceptación mutua, y sinceramente creen que no merece la pena seguir hablando porque definitivamente sospechan de que están subiendo dos montañas diferentes, y que por eso llegarán finalmente a lugares distintos.

Cada uno va a insistir en que el otro está recorriendo un camino equivocado, y lo que debe hacer es desandar el camino ya recorrido, dar todas las vueltas que sean necesarias hasta que encuentre el camino correcto que el otro ha experimentado y que asegura es el único seguro para alcanzar la deseada cima.

Algo parecido, aunque en menor grado, ocurriría incluso en el diálogo entre aquellos que aun dentro de la misma ladera van por distintas rutas y se encuentran en diferentes niveles del ascenso. Aquellos que están más elevados pueden entender y aconsejar a los que todavía recorren las partes más bajas, pero no a la inversa, pues los de más abajo difícilmente entienden y comparten la perspectiva y el paisaje de los que ya alcanzaron en su ascenso los niveles más altos.

En este ejemplo gráfico de quienes suben la montaña podemos comprender el por qué de los distintos puntos de vista y las dificultades para dialogar, entenderse y poder cooperar en el propósito común de llegar a la cima. Algo que sí es claro de entender es que la mejor forma de que lleguen a comprenderse es que todos sigan adelante en su camino de ascenso y no se detengan ni retrocedan, pues en la medida en que lleguen a niveles más elevados podrán empezar a vislumbrar hacia el horizonte un paisaje cada vez más en común; y aunque todavía se encuentren en laderas opuestas, se darán cuenta de que suben la misma montaña y que por lo tanto alcanzarán la misma cima. No hay duda que una vez en la cima, todos y cada uno verán finalmente el mismo paisaje con la amplitud de los 360 grados a todo su alrededor.

El camino hacia el entendimiento, la comprensión y la unidad va a llegar en la medida que todos y cada uno profundizamos en nuestra propia fe, nuestras creencias y tradiciones. Solo cuando nos elevamos hacia la cima a través de profundizar en nuestra espiritualidad, podremos empezar a ver el mismo paisaje valioso y común que compartimos con aquellos que recorren un camino diferente, pero con quienes buscamos los mismos ideales y valores, y con los que en definitiva encontraremos, una vez alcanzada la cima, la misma Verdad y Amor Universal.

Esta analogía también nos lleva a la reflexión de que todos y cada uno de nosotros debemos recorrer nuestro propio camino espiritual, cada uno es responsable de buscar y encontrar la verdad, y de encontrarse y unirse con Dios por sus propios esfuerzos. Eso es algo que nadie puede hacer por otro, y que cada uno tiene que enfrentar este desafío de acuerdo a sus circunstancias. Por eso necesitamos tener paciencia y sabiduría en tolerar y aceptar de buen grado el camino que otros recorren y las diferencias con los demás, sean estas raciales, culturales o religiosas.

Esa es y ha sido la actitud del místico, que es la gran esperanza para el diálogo y la cooperación interreligiosa. Pero, ¿quién es el místico? No es necesariamente quien vive ajeno y apartado del mundo para concentrarse sólo en Dios. Es aquel que ve la realidad con "los ojos de Dios".

Los místicos de todas las religiones, aunque a veces manifiesten aspectos propios de su religión, se entienden, porque hablan un mismo lenguaje: el del amor de Dios. Como todos los místicos se levantan hacia Dios, y Dios es Uno, todos miran sobre el mundo de una manera similar. Dios unifica en Él toda la creación y a todos los que se acercan a Él. Un místico comprende a otro místico porque se sitúan en el mismo punto de vista: el de Dios. Por ello, los encuentros de oración entre miembros de diferentes religiones no son difíciles y sí muy provechosos. A la vez, no caen en el fundamentalismo porque reconocen amargamente la distancia que todavía les separa de Dios.

Los auténticos místicos son personas enormemente desprendidas porque desde Dios han comprendido qué es lo importante. Su deseo está puesto sólo en Dios. Por ello viven altruistamente para el beneficio de los demás.

Los místicos de todas las religiones se entienden porque todos pueden ver a las instituciones sólo como vehículos de su religión. Esta actitud les cuesta a menudo ser considerados heréticos. Ven en la Institución no un fin sino un medio para llegar a Dios. No la desprecian sino que la valoran y mucho. Pero la valoran como un medio y en tanto que medio.

Valores Universales y el Orden de Prioridades

En "general" los seres humanos están básicamente de acuerdo en que cualidades son virtuosas y cuales no; la diferencia está en la manera que estos establecen el orden de prioridades. Este es un punto esencial para el dialogo y la armonía entre religiones y culturas: El orden de prioridades

En "general" estamos todos buscando el amanecer de una civilización unificada, que abrazaría a la gran diversidad de tradiciones culturales en el mundo como una gran familia humana. Por eso deben valorarse las contribuciones hechas por todas las culturas, no solo por lo que han logrado en si mismas con su orden de prioridades, sino por lo que esos logros pueden ofrecer a la comunidad global.

Un lista parcial de ese orden de prioridades que las distintas culturas, tradiciones, ideas y valores desarrollaron y que contribuirían a crear esa cultura unificada, incluirían por ejemplo a:

Aristóteles... Las virtudes, (generosidad)...
Platón... Los ideales de verdad, belleza y bondad...
Judaísmo... El monoteísmo ético, la providencia, los profetas...
Cristianismo... La fe, el amor sacrificial, el amor incondicional...
Roma... El derecho y las leyes...
Inglaterra... El empiricismo, los derechos constitucionales...
Las Américas... La libertad, los derechos humanos, el individualismo, la diversidad multicultural...
Capitalismo... La iniciativa individual, el libre mercado...
Socialismo... El internacionalismo, la justicia económica...
Democracia... La libertad, el auto-gobierno, la participación...

Islam... La obediencia a Dios, la armonía racial...

Budismo... La auto-disciplina, la compasión...
Confucionismo. La familia, la integridad personal, el orden ético...
Taoísmo... La armonía...
Hinduismo... La ciencia del Yo interior...
Jainismo... La no-violencia...
AFRICA... La solidaridad comunitaria...
Los indígenas
Americanos... La concientización ecológica...
Shamanismo... El mundo espiritual...

Cuatro principios para lograr la Paz y la Unidad

1. Vivir por los demás.
2. Hacer realidad el ideal de la verdadera familia mediante la pureza.
3. Practicar la cooperación y reconciliación entre religiones y naciones.
4. Promover un liderazgo espiritual, moral y unificador acorde a valores divinos.

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En sexto lugar, los Embajadores de la Paz deben ser los abanderados de la Reforma de las Naciones Unidas, para que esta se convierta en una organización que represente globalmente la existencia humana, que es tanto espiritual como material. Por ello los embajadores de la paz deben estar en la primera línea promoviendo que sus naciones apoyen la formación de un Consejo Interreligioso en el seno de la ONU y también el desarrollo del Consejo Interreligioso e Internacional de la Paz como un modelo para unas futuras Naciones Unidas integrales.

En séptimo lugar, deben ayudar al desarrollo de una cultura de paz, que es una cultura moralmente responsable, colocando su sabiduría y experiencia para usar la religión, la política, los medios, las escuelas, universidades y las organizaciones no gubernamentales para edificar una nueva cultura basada en valores trascendentes que promueve la paz desde el nivel individual al global.

En octavo lugar, los embajadores de la paz deben inspirar el concepto de la responsabilidad compartida que todos los ciudadanos, pueblos y naciones tenemos con nuestro mundo y con la suerte de cada uno. Por ello deben apoyar conceptos de desarrollos que contemplen tanto lo espiritual como lo material, el uso del medio ambiente y sus recursos de forma correcta para lograr un desarrollo justo y sostenible.

Finalmente, la misión de los embajadores de la paz es ejercer un liderazgo responsable, iniciando, apoyando. Y promoviendo políticas públicas o de proyectos de la sociedad civil tendientes a:

  • Fortalecer el Matrimonio y la Familia
  • La Educación del Carácter y los Valores entre los niños y adolescentes
  • Promover el diálogo y acción común entre las religiones
  • Promover el perdón, el arrepentimiento mutuo y la reconciliación entre las partes enfrentadas, allí donde sea
  • Integrar el servicio voluntario a la educación
  • Promover un desarrollo material justo, con beneficios compartidos
  • Ayudar a tirar las barreras que separan a la familia humana


Ejercerán así un liderazgo espiritualmente fuerte, moralmente legítimo, con buen corazón, gran visión y mucha creatividad que provendrá de su conocimiento, experiencia y dedicación en áreas como la religión, educación, campo académico, medios de comunicación, ONG´s, negocios, arte y deporte, entre otros.

A través de los Seminarios internacionales, regionales y nacionales que la Federación Interreligiosa e Internacional ha realizado y realiza en el mundo, ya ha designado a decenas de miles de ciudadanos con el título de “Embajadores de la Paz”, acreditado por un diploma firmado por el Reverendo Moon y su Señora, Hak Ja Han Moon.

En dicho diploma se puede leer lo siguiente:

“Conforme con su misión de establecer la paz mundial, la Federación Interreligiosa e Internacional para la Paz Mundial designa como Embajadores de la Paz a aquellos individuos que son un ejemplo del ideal de una vida dedicada a los demás, y que se abocan a prácticas que promueven los ideales fundacionales de la FIIPM: Valores morales universales, sólida vida familiar, cooperación interreligiosa, armonía internacional, renovación de las Naciones Unidas, medios de comunicación responsables, y establecimiento de una cultura de paz. Trascendiendo las barreras raciales, nacionales y religiosas, los Embajadores para la Paz contribuyen al cumplimiento de las esperanzas de todas las eras, un mundo unificado de paz donde las dimensiones espirituales y materiales están armonizadas”.

Es una hermosa e histórica responsabilidad. Para ser verdadero dueño de la misma, no bastan títulos, posiciones o conocimientos, antes que nada importa el amor que ponemos en lo que hacemos para ser dignos de tal distinción.

También debemos, como dijimos en las primeras disertaciones, tener un respeto por Dios, nuestro Creador, quién es el origen del Ideal de paz por el cual trabajamos y es en definitiva nuestro Padre, Maestro y nuestro Guía, y aún nuestro mejor compañero en el cumplimiento de nuestra responsabilidad. El brega antes que nosotros por nuestra victoria.

También debemos tener respeto por los santos, patriotas, sabios y buenos antepasados que no pudieron ver realizados durante su vida aquí en la Tierra las metas que hoy también nosotros perseguimos, pero que desde el Mundo Espiritual se desviven por que tengamos éxito.

En síntesis, la misión de un embajador de la paz, es ante todo ser la “sal” y la “luz” de un mundo afligido y confundido. Con verdad y amor debemos recordar las palabras de Jesús en el Sermón de la Montaña cuando decía:

“Vosotros sois la sal de la tierra...Vosotros sois la luz del mundo. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras nuevas obras y glorifiquen a Vuestro padre que está en los Cielos”.

¡Muchas gracias por su atención!

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